January 26, 2026

La inspiración de un impostor.

La inspiración es como un soplo creativo que nos atraviesa en un cierto momento.
Agarrarla y sostenerla es imposible. Así como viene se esfuma. Se desvanece.
Deja una sensación de vacío, como la de un sueño hermoso que olvidamos ni bien abrimos los ojos.

Su trabajo es golpearnos con una idea, con una palabra, con una emoción que dispara un impulso incontrolable de crear algo. ¿Qué cosa? Algo.
Un texto que se convertirá en best seller, una comida que te pedirán que repitas siempre, una pintura, dibujo o acuarela que hará que todos admiren tus dotes artísticos, una fotografía que conmoverá a quien la admire, una obra musical que erizará a quien la escuche, un mail sugestivo escrito para cerrar una venta, una llamada a alguien en el momento justo.

Un impulso de movimiento hacia un accionar es inspiración.

Cuando estas duchándote y se te ocurre una idea millonaria, puede que en milésimas de segundos te veas viviendo con los manjares de esa idea hecha realidad.

La inspiración sucede en un instante, es una semilla que aún no es germen.
Algo más grande la deja caer en tu mente, con la confianza de que le vas a dar calor y riego diario. Básicamente que la vas a cuidar y sostener hasta que esa semilla sea idea y que esa idea crezca tanto dentro tuyo que te impulse a buscar un lugar más grande, más espacioso, mejor iluminado.

Hay un solo estorbo en toda esta magia que sucede en el éter: La mente.
Hay una parte oscura en la mente, un lugar poco habitable, en donde apenas llega la luz. Un lugar sombrío donde toda idea es poca cosa, en donde no crece ni progresa nada.


Si tu mente está bien ventilada, y no vive ningún impostor dentro seguro esa idea crece sanamente y con el tiempo será realidad en el plano tangible.
Pero si no, esa semilla morirá antes de ser idea  y su vida durará lo que dura una buena ducha de 10 minutos.


Y  de esto hablo con propiedad, porque yo habito en ese lugar, donde siempre hace frio y no hay abrigo que compita contra ese calar de hueso.

Mi lugar oscuro es poco habitable y nada cómodo. Se disfraza de existencialismo, de que nada es tan importante, de que da lo mismo que algo sea hecho o no.
Que alguien seguro ya lo está haciendo, y que lo está haciendo mucho mejor que yo.

Ese lugar está insonorizado, la gente me habla, y sé que me dice cosas bellas, que cree en mí, que le gusta lo que hago,  pero todas esas palabras no me las puedo quedar en este lugar. Se golpean contra las frías paredes y caen. Al poco tiempo ya ni las recuerdo.

Pero hace un tiempo el frío se hizo tan insoportable que hasta el ser mas nihilista se hartaría de tal calvario. Y si bien no he podido salir aún de este lugar, estoy permitiendo que entre más la luz y me doy permiso para disfrutar un poco más de esos rayos que entibian mis manos y mi corazón.

Pensarás que estoy divagando a estas alturas, pero no.
Empecé escribiendo sobre la inspiración de un impostor y si prestas atención sigo escribiendo de lo mismo.

La inspiración no es sinónimo de seguridad, es un acto de confianza en vos. Es un tímido toque en el hombro que dice: “creo que serías capaz de hacer esto” y allí mismo deja caer la semilla de una idea.

Luego la inspiración desaparece. No así la idea.

Y depende de qué tipo de mente tengas, si serás capaz de abrigar o dejar morir esa semilla.

Y yo he dejado morir varias ideas, porque alguien seguro ya lo está haciendo mejor que yo, porque quien soy yo para llevar esto a cabo, para qué enfrentarme con el inminente fracaso…

Pero a duro pesar me estoy dando cuenta que nada de eso importa.
Esa idea que tengo, nunca jamás será concebida como puedo hacerlo yo. ¿Por qué? Porque simplemente nadie la haría igual.
Somos universos inigualables y el impulso de crear es único en todos nosotros.
Esa idea tiene el derecho de ver la luz porque simplemente yo la capté y si la capté confío que tengo lo que se requiere para que crezca.

La idea cree en mi, falta que yo crea en ella también.

Lau.